Nuestra propuesta

Nuestra propuesta

Al principio, en los primeros años de docencia, nos adherimos a una metodología como a un sistema infalible que nos permite al menos enfrentarnos con ciertas garantías de éxito a nuestro grupo de alumnos y alumnas. Con el tiempo, vamos descubriendo que el día a día en el aula no se supera con una metodología, sino que se disfruta transformándola progresivamente, con miedos pero con muchas ilusiones, en una escuela de creación, acompañamiento y escucha. 

Nuestra propuesta está basada en la vinculación efectiva con todo aquello que surge espontáneamente en el marco escolar. Nuestro trabajo consiste, pues, no en hacer con los niños y niñas lo que a nosotros nos interesa, sino indagar en sus vidas, estar atentos a lo que dicen, sienten, esperan, saben, suponen, solucionan, inventan, aportan, poseen, y mantener todo ello organizado en un corpus, “traducirlo” a lenguaje de docentes, sistematizarlo en una programación, para usarlo a favor de ellos y ellas, del desarrollo de sus capacidades, de su crecimiento personal, de su aprendizaje. A esta forma de enfocar el trabajo en el aula la llamamos “TRABAJAR POR PROYECTOS”. 

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Trabajar por proyectos sigue siendo hoy todo un reto. No porque se precisen materiales, espacios o condiciones especiales, una ratio más baja que la legalmente establecida, unas aulas enormes y un material muy estructurado, todo lo contrario, sino porque supone un fuerte cambio de actitud por parte del educador sujeto ya desde dentro de las escuelas de Magisterio a los enfoques empiristas que es como hemos aprendido “de toda la vida” con garantía inequívoca de éxito.

Pero entonces no se sabía lo que era la atención a la diversidad, se hablaba más de saberes que de capacidades y competencias, de resultados más que de procesos, de transmisión más que de mediación, se entendía que la enseñanza era garantía de aprendizaje. Y hoy, que conocemos más que nunca cómo se produce el desarrollo en nuestro alumnado de Educación Infantil, sabemos por experiencia que hay un espacio desconocido entre lo que nosotros enseñamos y ellos aprenden; sin embargo, seguimos anclados en modelos que si bien introducen el juego, las experiencias y el movimiento en la escuela no abarcan del todo la riqueza de los procesos potencialmente educativos que tienen lugar delante de la mirada de los docentes y que desgraciadamente nadie nos ha enseñado a mirar. Despreciamos la capacidad de gestión autónoma de situaciones que tiene nuestro alumnado; nos da miedo aceptar que nosotros los maestros también podemos aprender con los proyectos si nos arriesgamos a no tenerlo todo “absolutamente previsto y abrochado” y a quitarnos definitivamente el corsé.

Trabajar por proyectos supone sobre todo aceptar que como educadores debemos situarnos en un plano más humilde, de atenta escucha del niño, siendo más importante lo que ellos y ellas quieren saber que lo que nosotros queremos enseñarles, pues solo aprenderán bien lo que ellos y ellas sientan deseo de aprender. Y lo más importante: cuanto más ignorantes nos hagamos a los ojos de los pequeños, mayor será su deseo por conquistar el conocimiento y, en sentido amplio, su propia forma de construir su vida.  

El maestro que renuncia a dar respuestas directas a sus preguntas es el más capaz de conseguir que ellos y ellas las encuentren; cuanto menos imprescindible es el maestro, mejor maestro es, pues hace sentir a los alumnos que lo que han aprendido no se lo ha enseñado nadie, sino que lo han construido a partir de lo que son en comunicación y colaboración con los demás.

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Por ello, nuestra propuesta es una propuesta muy abierta que trata de hacer al lector y docente partícipe de la pasión, el entusiasmo y la curiosidad que se vive en las aulas cuando se trabaja de esta forma.

No encontraréis una programación al uso, sino una programación retrospectiva; es decir, que su riqueza radica en que ya ha pasado, por eso podemos llamarla “historia pedagógica”. 

Esta programación cuenta una historia llena de preguntas, emociones, dudas, descubrimientos, acaecidos en un lugar concreto, un aula, que ha cambiado radicalmente la vida de los niños y niñas que viven en ella, y por qué no, de sus familias y de sus educadores, pero todo ello en lenguaje de docente, cargado de intencionalidad educativa, para que otros maestros y maestras puedan poner a su alumnado en una situación parecida y juntos construir una historia nueva que probablemente no esté presente en esta programación.

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